Profundizamos en las 4 características de los diamantes

Analizamos en profundidad las 4 características fundamentales con las que medidas el valor de un diamante.
Hace unos días hablábamos en nuestro blog de los diamantes, esas piedras preciosas tan únicas y valiosas. Comentamos que cada diamante es único y definitivo ya que se precisan miles de millones de años y procesos geológicos para que se origine y por lo cual, no se puede replicar.
También hablamos de la manera que teníamos los profesionales para calcular su valor, y esto se basaba en las 4 Cs o características más destacadas que tienen los diamantes. Las abordamos por encima pero no profundizamos en ellas. Por eso hoy queremos analizar en profundidad cada característica de un diamante para que os convirtáis en auténticos expertos. Podéis incluso considerar este artículo como una guía para valorar diamantes, ya que vamos a ver muy minuciosos. ¡Comenzamos!
1) Talla
La talla es lo que permite ver el brillo de la pieza. También se conoce como corte o tallado. Dependiendo de como se haya realizado este, el diamante brillará más o menos. El tallaje es imprescindible porque si las proporciones no son las adecuadas, la luz de su interior no se reflejará correctamente, y por ende, tendrá menos brillo y menos valor.
Dentro del brillo y tallaje de los diamantes, encontramos varias categorías o tipos:
- Diamante con tallaje brillante
Digamos que es el tipo más establecido y conocido. Su forma es redonda, con 57 o 58 caras. Se supone que es la mejor manera de tallar un diamante, ya que se consiguen los mejores ángulos y reflejos de luz. Como es el diamante que más brilla, es el más conocido.
- Diamante con tallaje princesa
Un corte cuadrado que cuenta con 76 caras. Alcanza casi el mismo nivel de brillo que el tallaje brillante, siendo también uno de los más empleados.
- Diamante con tallaje pera
Para que nos entendamos, la forma de este diamante sería el de una lágrima. Se encuentro en un punto medio entre el tallaje brillante y el marquesa (que veremos unas líneas más abajo). Destaca porque el brillo se concentra en la parte inferior redondeada, en detrimento de la puntiaguda. Muy útil en joyas alargadas como pendientes.
- Diamante con tallaje baguette
De corte rectangular, suele tener entre 48 y 50 caras. En la base del diamante, consta de un corte rectangular que le da muchísima transparencia y brillo. Este corte se adecua perfectamente a piedras con mucha claridad y pocas impurezas.
- Diamante con tallaje oval
Como su nombre indica, el corte tiene una orientación oval y se suele obtener de un diamante con tallaje redondo. Se asemejan al brillo del tallaje brillante ya que tienen 56 caras. Se suele emplear en anillos.
- Diamante con tallaje corazón
A partir del tallaje brillante, se trabaja para que el diamante quede con forma de corazón de 59 caras. Debe quedar totalmente simétrica la pieza, sacrificando algo de brillo.
- Diamante con tallaje marquesa
De forma alargada con terminación en punto pos ambos lados, su brillo se concentra en el centro de la pieza, sacrificando luz en las puntas. Este tallaje facilita la extracción de los quilates de un diamante. También tiene 57 caras y su realización es de suma dificultad.
2) Color
Así de sencillo: Cuanto más transparente sea un diamante, mayor valor tendrá. Y por supuesto, cuanto menos color tiene, más escaso es. Al final, es la escasez de algo lo que determina su valor. En los diamantes no sería menos.
Para determinar la claridad de un diamante se originó una escala de colores que tiene distintos grados: desde la D a la Z. Esta escala fue establecida por el Instituto Gemológico de América, y ha sido aceptado a nivel global en todo el mundo.
El color D es el nivel máximo de decoloración o transparencia, mientras que el Z es el más bajo. Por curiosidad, el D sería un tono muy blanco, mientras que la Z, un tono marrón/amarillo muy denso.
Como curiosidad, los diamantes denominados “fantasía” (como por ejemplo del de tallaje corazón) se tasan de otra manera. Emplean criterios distintos porque se buscan otras características en los mismos, más centrados en la rareza y/o excentricidad, así como en colores fuertes y llamativos como el azul o el rojo.
3) Claridad
Se refiere a las imperfecciones de origen que un diamante tiene. Estas se conocen como inclusiones y pueden ser de todo tipo, desde fracturas o rajas, hasta un diamante dentro de otro. Existe una tabla que debemos seguir si o si, para valorar este aspecto.
- Sin inclusiones internas: Un experto con lupa de 10 aumentos verifica que no existen inclusiones internas.
- Muy muy pequeñas inclusiones:
Grado 1: Pequeñísima inclusión visible solo para un experto con lupa de 10 aumentos.
Grado 2: Varias inclusiones muy pequeñas visibles solo para un experto con lupa de 10 aumentos.
- Muy pequeña inclusión
Grado 1: Inclusión muy pequeña solo visible con una lupa de 10 aumentos.
Grado 2: Varias inclusiones muy pequeñas solo visibles con una lupa de 10 aumentos.
- Pequeña inclusión
Grado 1: Inclusión pequeña visible con una lupa de 10 aumentos.
Grado 2: Varias inclusiones pequeñas visibles con una lupa de 10 aumentos.
- Imperfecto
Grado 1: Inclusión que se ve a simple vista.
Grado 2: Varias inclusiones que se ven a simple vista y que afectan al brillo.
Grado 3: Varias inclusiones que se ven a simple vista, que afectan al brillo y que comprometen la estructura del diamante, facilitando su rotura o agrietamiento.
4) Kilates
El peso de los diamantes se mide en kilates. Siendo 1 kilate igual a 0,20 gramos. Los diamantes se venden y comercializan a precio por kilate. Es importante tener en cuenta que los kilates no tienen por qué ir acompañados del tamaño. No es una relación directamente proporcional. Al igual que su precio: un diamante de 0,5 kilates no vale lo mismo en proporción a uno de 1,5. Si el de 0,5 vale 1€, el de 1,5 debería valer 3€ ¿No? Pues no. No tiene por qué.
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